1.000 latigazos

1.000 latigazos

Acabo de leer el libro que, bajo el título1.000 LATIGAZOS“, se hace eco de los escritos que Raif Badawi publicó en su blog, y que han dado lugar a tener que cumplir una condena de diez años de prisión, diez años sin posibilidad de viajar al extranjero y a recibir 1.000 latigazos. Esta situación es posible en Arabia Saudí.

El subtitulo del libro es: “porque me atreví a hablar libremente“. Uno ve la foto del joven Raif Badawi y se pregunta cómo un joven de talento, viviendo en un país al que van brillantes europeos a trabajar por sueldos inimaginables en su lugar de origen, ha tenido la necesidad de hablar libremente, sabiendo, no solo cual iba a ser su suerte, sino el escaso impacto que de la critica se tiene en Arabia Saudí. Luego, Raif, nos cuenta su experiencia en prisión, deteniéndose en alguna anécdota de su mundo interior al leer pintadas en los baños de la cárcel, y parece vislumbrarse que, Raif, buscaba algo que en Arabia Saudí -según parece-, únicamente, puede encontrar allí – en los sucios retretes de la prisión-; esto es: sensación de pertenencia a un grupo de personas que ama la libertad. Seguramente, la misma búsqueda que le dio fuerzas para escribir en su blog, y, seguramente, lo que le ayudará a sobrevivir. (No olvidemos la narración de sus primeros cincuenta latigazos incluye público animando a que el castigo sea eficaz).

Lo cierto es que la familia de Raif ha tenido que desplazarse a Canada y que, de momento, solo ha cumplido dos años de prisión, y solo ha recibido 50 latigazos. Le queda mucha pena por cumplir.

Los artículos de Raif en realidad, únicamente, llaman la atención sobre algunas contradicciones que son evidentes en Arabia Saudí. De esta forma señala las contradicciones entre el dogma religioso y las ciencias; la propuesta de construir una mezquita en la zona cero de New York y la imposibilidad de que los extranjeros puedan realizar su culto religioso en Arabia Saudí si éste es distinto al saudí; el liberalismo como forma de organización social y la falta de contraposición con los postulados del Islam que se ocupa de las relaciones con Dios; señalar la distinta vara de medir para las mujeres pudientes y las mujeres de los barrios populares, en cuanto a sus posibilidades de trabajar; algún articulo comentando muy discretamente los hechos de la primavera árabe; y lo cierto es que poca cosa más.

Si bien, es cierto, en situaciones de tensión cualquier paso adelante que se dé -incluido un artículo en un blog-, puede ser detonante de protesta, lo cierto es que Raif no deja de ser un preso de opinión, tal como lo reconoce Amnistía Internacional.

En el libro se recoge la costumbre de las autoridades saudíes de practicar la extensión del derecho penal, y uno piensa qué necesidad tienen estas autoridades de perseguir delitos de opinión como el presente, si en Europa a día de hoy no puede materializarse nada, por mucha libertad de expresión que se dice existe. La respuesta es la de siempre, la misma que en todos lados: lo hacen porque pueden. Y el gran Raif Badawi, supongo que, también. Si cambiásemos el sentido del subtitulo del libro que recoge sus textos, quedaría: “¿por qué me atreví a hablar libremente?”, y la respuesta, tal vez, sería: por que has podido, Raif.

Habiendo sufrido la censura en alguna ocasión no alcanzo a imaginar los sentimientos de Raif a la vista del carácter de sus escritos y la condena obtenida. Sirvan estas líneas como humilde gesto, que en el libro se pide hacer, para prolongar la palabra de aquellos a quienes se les ha privado de su utilización.

Nota posterior al post

Nota: uso de las redes sociales para la disidencia, que también se ha dado en el caso del activista chino ai weiwei.

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