Campo de prisioneros de Orduña y Ley de Amnistia

Campo de prisioneros de Orduña y Ley de Amnistia

Joseba Egiguren ha dedicado buena parte de su tiempo a escribir el libro: “PRISIONEROS EN EL CAMPO DE CONCENTRACIÓN DE ORDUÑA“. En el libro se relata como, tras el alzamiento militar de 1936, se establece una red de campos de concentración por toda la península al objeto de retener y clasificar a todos los prisioneros que por una razón o por otra habían caído en manos del ejército franquista. Uno de dichos campos, quizás uno de los más importantes de la época, resultó ser el Campo de Concentración de Orduña.

El Campo de Concentración de Orduña, se instaló en el colegio de la jesuitas, el cual se encuentra enclavado en el mismísimo centro de Orduña. El enclave fue elegido por Franco debido a la comunicación por tren, que Orduña tenía, y por las características del edificio propiedad de los Jesuitas, que contaba con dos grandísimos patios exteriores, instalaciones sanitarias y pozo propio de agua potable.

De esta forma, dentro de lo que se ha venido en llamar política de exterminio del enemigo franquista, comenzaron a funcionar estos Campos. Se calcula que por el Campo de Orduña pasaron unos 50.000 prisioneros. La mayoría jóvenes que habían sido capturados tras haber estado en el frente. Después de la captura entraban a formar parte de esta red de Campos en que eran clasificados bien como delincuentes comunes, como oficiales con responsabilidad en el mando republicano, o como milicianos forzosos o voluntarios. Una vez realizada la clasificación se procedía a darles el destino correspondiente. La mayoría de ellos fueron enviados, nuevamente, al frente, pero en esta ocasión bajo el mando de Franco. Este sistema de clasificación provocó que la inmensa mayoría de los prisioneros que pasaron por Orduña fuesen originarios de los lugares más lejanos de la península.

La estancia en Orduña para estos prisioneros, pendientes de clasificación, fue breve, pero intensa. Breve, debido a que el fin de su estancia era la clasificación, e intensa debido a las condiciones que sufrían. Los relatos de los testigos son especialmente duros; se relatan varias formas en que los prisioneros morían, siendo el común denominador el achacar la mortandad a la miseria y al hambre, amén de casos de brutalidad por parte de los responsables del Centro. (Llama especialmente la atención, que para un trajín tan grande de prisioneros, en la época de Campo de Concentración, el cuerpo de vigilantes del Centro lo componían veintiuna personas. Circunstancia ya estudiada por lo acaecido en los Campos de Concentración nazis, y tratada en el post dedicado a la Fuga del Fuerte San Cristobal).

Durante el tiempo que el edificio de los jesuitas fue Campo de Concentración, se contabilizaron oficialmente 22 muertes de prisioneros, cifra que a la vista de las narraciones de los testigos se antoja escasa, aunque no se puede precisar a día de hoy el número de muertos que dicho Campo pudo dar.

Al acabar la guerra civil el Campo de Concentración de Orduña se transformó en prisión. En este segundo periodo, no ajeno a la política de exterminio franquista, el perfil del prisionero cambió. Ya no se trataba de jóvenes combatientes y sí de personas mayores de cincuenta años que originarios de otras partes del Estado habían tenido alguna responsabilidad en el bando republicano.

El cambio de destino de la instalación no varió las circunstancias y; si bien se describe en el libro un descenso de la brutalidad, no sucedió lo mismo con las condiciones de vida, que provocaron 220 muertos contabilizados oficialmente. Mortandad que siguió obedeciendo, principalmente, al hambre.

Para mi es especialmente revelador leer el libro de Joseba Egiguren, pues mi abuelo materno, también formó parte de la red de estos Campos, habiendo estado ingresado en Cádiz. Posteriormente, murió al regresar a Donostia por tuberculosis. Miseria, que costó la vida, también, a mi abuela materna y una tía carnal, siendo ésta niña.

vicente perez

En el centro, Vicente Pérez, mi abuelo.

 

Estos hechos han sido objeto de una política de olvido que se ha llevado a cabo de muy distintas maneras, pero en lo que aquí respecta, gracias a las Leyes de Amnistía de 1977. Esta Ley, que forma parte de lo que en Latinoamerica se conoce como leyes de punto final, está en contra del Derecho Internacional.

En el Estado Español, además, a día de hoy se mantiene una circunstancia un tanto desazonadora. Mientras el Tribunal Supremo avala en sus sentencias la validez de esta Ley de Amnistía, podemos leer en el recién publicado libro de Jose Ignacio Lacasta Zabalza, bajo el título “LA MEMORIA HISTORICA“, como esta Ley de Amnistía choca con la Constitución del 78. Se dice, en concreto, que: “…la Constitución prohíbe los indultos generales en su articulo 62. i), la Ley de 1977 decretó una amnistía general y c) la Disposición Derogatoria 3 deroga cuantas disposiciones se oponen a la Constitución”. Concluyendo que a “… la Ley de 1977 le cuadra cualquier adjetivo, menos el de Constitucional”.

Argumentación minimalista que para los juristas suele ser sinónimo de validez de la misma.

 

Artículos Relacionados

Responder

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.