EL ELN Y LA RESOLUCION DEL CONFLICTO EN COLOMBIA

EL ELN Y LA RESOLUCION DEL CONFLICTO EN COLOMBIA

Primero en Oslo y luego en La Habana, desde octubre de 2012, se están llevando a cabo las negociaciones entre las FARC-EP y el gobierno colombiano, este último capitaneado por su presidente Santos.

Desde septiembre de 2012 se suceden las noticias de que el ELN intenta incorporarse a las negociaciones, sin conseguirlo. Las pegas a la incorporación no vienen de las FARC-EP, y sí del gobierno de Santos.

La situación se ha tensionado hasta el punto de que, a mediados de enero, el ELN envió una delegación a La Habana a fin de su incorporación a las negociaciones. El viaje de la delegación acabó cuando se encontró con la policía cubana y, ésta, les comunicó la falta de permiso para estar en Cuba como delegación, motivo por el cual fueron devueltos a su lugar de origen.

El ELN es una organización insurgente de igual antigüedad que las FARC, aunque los efectivos que integran sus filas guerrilleras pueden calcularse aproximadamente en 10 veces menos que las de las FARC-EP. Sin embargo, en zonas como Nariño, el Cauca, Bolívar o el Magdalena Medio, la presencia de estructuras políticas y sociales afines al ELN es importante, pudiendo llegar a condicionar la vida social y económica en esas regiones de Colombia.

Desde hace aproximadamente 10 años el trato que da el gobierno colombiano a la guerrilla del ELN es el ninguneo. No se informa sobre sus acciones y se le da por inexistente, teniendo el ELN como primer frente de lucha el reconocimiento por parte del gobierno de su existencia y de su carácter político. (El Gobierno de Santos, que utiliza el binomio Santos-Uribe como motor de las posiciones políticas más conservadoras, parece que no ha querido otorgar esa baza a la insurgencia)

La devolución de la delegación del ELN, como gesto, nos habla de la persistencia del gobierno de Colombia en la política que mantiene respecto a la insurgencia en general, y no solo respecto al ELN. Como gesto nos habla, además, de la exclusión en la mesa de negociación no solo de una fuerza insurgente, sino de una sensibilidad con amplia tradición en Colombia. Esa ausencia nos habla, también, de un daño estrategico al proceso negociador (en sí mismo es contrario a conseguir la paz como consenso) y de un daño emocional para todas las personas que guardan lealtad a la sensibilidad que representa el ELN, pues atenta al prestigio de la organización. Incluso pudiera decirse que la devolución de la delegación atenta a las esperanzas que muchos tenian -fundadamente o no- en la sinceridad del esfuerzo negociador en La Habana.

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El ELN, que en su primera época teorizaba sobre la negociación, para repudiarla -pues concluía en que la actividad insurgente está predestinada a tomar el poder y no a resolver diferencias en una mesa de negociación-, se ve a día de hoy enviando una delegación a La Habana, tensionando con ello la cuerda al máximo para su incorporación, y viendo como la misma es rechazada. Ante todo ello, el ELN, como rol a desarrollar en el contexto actual, toma el de ser un sujeto que facilite o cree condiciones que permitan a las negociaciones en La Habana concluir positivamente, haciendo suyos los hipotéticos logros que pudieran alcanzar las FARC-EP en la mesa de negociación. Lo cierto es que las reivindicaciones de ambas organizaciones insurgentes son muy similares, haciendo especial énfasis el ELN en la participación de la sociedad civil.

Tras el rechazo sufrido por la delegación del ELN, Piedad Córdoba, como vocera y defensora de los Derechos Humanos, se encuentra ya solicitando se incorpore el ELN a las conversaciones. A día de hoy a las dificultades iniciales y al problema con el papel de la sociedad civil en el proceso negociador, se ha de sumar todo lo dicho respecto al ELN, el fin del alto el fuego unilateral decretado por las FARC-EP, así como las manifestaciones de Santos llamando a redoblar esfuerzos en los combates contra la guerrilla. (Y decir esto último en Colombia, después del escándalo de los falsos positivos, es mucho decir)

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En definitiva, malas noticias para los que esperaban la búsqueda de una paz que atienda las causas de los problemas, quedando ahora –como mucho- la posibilidad de que La Habana sirva de escenario para un fin, parcial o no, de la insurgencia,  sin cambios en las estructuras de poder de facto en Colombia.

NOTA: Me indican desde Colombia, que las fuerzas del ELN podrían cifrarse en la mitad que las de las FARC, y que respecto a la delegación del ELN, si bien estuvo preparada para participar en La Habana, no llegó a viajar hasta Cuba.

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