FOUCAULT Y EL PANOPTICO

FOUCAULT Y EL PANOPTICO

Michel Foucault (1926-1984) se dedicó a lo que él en alguna ocasión definió como estudio del inconsciente colectivo, actividad que le condujo a profundizar en el origen de las instituciones; entre ellas, la cárcel.

Siendo cierto que algunas de sus ideas han sido ignoradas o discutidas, como es el caso del concreto origen de la pena privativa de libertad o los motivos por los cuales la prisión se nos presenta a día de hoy como algo natural, lo cierto es que ninguna de las críticas realizadas sobre su obra consigue ensombrecer las ideas que se encuentran en “Vigilar y Castigar”

Foucault en “Vigilar y Castigar” desarrolla las intenciones y efectos que tenían, y tienen,  los castigos, hablando en su obra sobre como con la desaparición del suplicio el castigo pierde su carácter público; intentándose con ello –además-, dignificar la justicia, pues se empieza a considerar que en el cadalso se cometía el mismo crimen o peor, que el que se pretendía castigar. (“Vigilar y Castigar” comienza con la descripción de un tormento).

A finales del siglo XVIII se produce la codificación y mediante un proceso que dura aproximadamente 50 años (1780-1830) se va produciendo la desaparición del cadalso y de los suplicios. Es cierto que la pena de muerte mediante el suplicio no era la pena más corriente, pero, como castigo llevado al límite, su desaparición supone el cambio fundamental.

Dice, Foucault, que en este periodo de cambio el carácter público del castigo va despareciendo progresivamente hasta no quedar rastro de él, convirtiéndose el castigo en la parte más oculta del proceso penal. Sí se conserva, en cambio,  la publicidad en el debate del juicio y en la sentencia, pero se oculta el castigo. De esta forma se intenta hacer ver que el castigo es una parte administrativa que poco tiene que ver con el hacer justicia.

Sigue diciendo que una vez se decide abandonar el castigo físico, y el cuerpo deja de ser el objeto de la acción penal, el nuevo objeto al que se dirige la acción penal es el “alma”. (Concepto que Foucault atribuye a Malby, 1789).

Anteriormente, la reclusión se usaba, únicamente, como forma de retener a alguien a la espera del juicio y del castigo. Como precedentes se tienen las casas correccionales de Ámsterdam conocidas por los nombres de Rasphuis para los hombres y Spinhuis para las mujeres, cuya existencia data de 1596. En cualquier caso no pueden considerarse penas privativas de libertad las que allí se cumplían. Únicamente, quedaban en prisión niños, mujeres e inválidos que, por ejemplo, no podían cumplir la pena de galeras que les había sido impuesta.

Así, argumenta Foucault, ahora se juzga el “alma” del imputado, rodeándose el juicio de apreciación de las atenuantes; y así ,de cuál era su comprensión de los hechos. Igualmente, se tiene en cuenta qué se puede esperar de él en un futuro e incluso la prolongación de la pena o la excarcelación se hace depender de la evolución de su “alma”.  De esta forma no se juzgan solamente los hechos y sí la intención, el origen del mal y el pronóstico a futuro de ese “alma”. Tal es así, que el procedimiento penal se encuentra lleno de psicólogos, forenses y, en definitiva, de operadores ajenos al juez penal, que según Foucault lejos de tratar de integrar otras disciplinas en la justicia lo que hacen es descargar de responsabilidad al juez penal.

Por eso, dice, las rebeliones en las prisiones se han producido contra la totalidad del sistema que castiga el “alma”, es decir, contra los tranquilizantes, los médicos, los psiquiatras…  y no sólo contra lo material del sistema penal.

Frente al suplicio en el cadalso, la aparición de la guillotina, junto con la Ilustración y la Revolución Francesa, fue un gran avance, pues suponía la misma muerte para todos (Igualdad) y, además, una muerte limpia. Pero su práctica hubo de ser paulatinamente apartada de las plazas públicas, en un proceso que – como se ha dicho- duró cincuenta años, y fue llevada al interior de las prisiones para ser ejecutada allí, la pena de muerte.

Esta idea de igualdad en el castigo de la  guillotina, (misma muerte para todos) preside también al castigo sobre la libertad, que es algo que todo ciudadano tiene por igual. Circunstancia, que no ocurre, por ejemplo,  con las multas, por mucho que se quiera conjugar su cuantía en proporción a los ingresos.

Foucault entiende que el suplicio no restituía la justicia, sino que reactivaba el poder, y que el sistema penal en lugar de vengarse se fue transformando en algo que en última instancia, castigue.

En cualquier caso –y en esto son muchos los autores que se encuentran de acuerdo-  el cambio del sistema penal se produce como reflejo de los cambios sociales, de la nueva economía, y de las nuevas relaciones de poder que se trazan en la sociedad. Con ello, Foucault, descarta que la evolución se deba a una “humanización” del derecho penal, como muchos otros entienden.

Así, concluye, en que el derecho a castigar se traslada desde la venganza del rey soberano a la defensa de la sociedad. Se entiende que hay un pacto tácito entre todos los individuos y la sociedad, convirtiéndose en enemigo social quien transgrede las normas derivadas de ese pacto.  De esta forma, una vez que se ha producido la infracción o bien perece el infractor, o bien perece la sociedad, legitimándose así el castigo contra el infractor. He aquí el cambio, que aún perdura hasta nuestros días.

Durante esta época los sucesos aparecían interrumpidamente: en 1764 se imprimió el libro de Beccaria, 1789 la Revolución Francesa, en 1799 Napoleón toma el mando de Francia. 1776, se produce la declaración de independencia americana y en 1781 se produce la victoria en el campo de batalla naciendo Nueva Inglaterra.

En 1791 Benthan intenta vender el panóptico en Francia. Benthan, penalista británico, impregnado por el utilitarismo, propone la idea del panóptico. Por un lado, dicen, como respuesta a la caótica situación de los centros de reclusión y, por otro, para guardar a los presos con mayor seguridad y economía.

panoptico

El principio del panóptico se describe por Foucault, como: “…la periferia, una  construcción en forma de anillo; en el centro, una torre, ésta, con anchas ventanas que se abren en la cara interior del anillo. La construcción periférica está dividida en celdas, cada una de las cuales atraviesa toda la anchura de la construcción. Tienen dos ventanas, una que da al interior, correspondiente a las ventanas de la torre, y la otra, que da al exterior, permite que la luz atraviese la celda de una parte a otra. Basta entonces situar un vigilante en la torre central y encerrar en cada celda a un loco, un enfermo, un condenado, un obrero o un escolar. Por el efecto de la contraluz, se pueden percibir desde la torre, recortándose perfectamente sobre la luz, las pequeñas siluetas cautivas en las celdas de la peri-feria. Tantos pequeños teatros como celdas, en los que cada actor está…solo, perfectamente individualizado y constantemente visible. El dispositivo panóptico dispone unas unidades espaciales que permiten ver sin cesar y reconocer al punto. En suma, se invierte el principio del calabozo; o más bien de sus tres funciones —encerrar, privar de luz y ocultar—; no se conserva más  que la primera y se suprimen las otras dos. La plena luz y la mirada de un vigilante  aptan mejor que la sombra, que en último término protegía. La visibilidad es una trampa…”

La economía se encuentra en que un solo carcelero podía vigilar a todos los que se encontraban encerrados en el panóptico.

De acuerdo con lo dicho en “Historia de la Prisión. Teorías Economicistas. Critica”, al fin se construyó el primer panóptico en Inglaterra en 1816 e inspiró la construcción de prisiones americanas. En la Nueva Inglaterra los emigrantes cuáqueros llevaron consigo los principios de Howard (que escribió varios libros tras visitar las prisiones y hospitales de toda Europa) y las ideas de Beccaria. Así comienza el sueño de que las prisiones pueden ser un lugar de readaptación. También, surge la primera asociación en defensa de los presos en Philadelphia.

La construcción de prisiones en Nueva Inglaterra dio lugar a cuatro regímenes distintos:

           SISTEMA FILADELFIA: basado en el aislamiento celular completo, día y noche, con trabajo en la celda, manteniendo la separación entre presos.

            SISTEMA DE AUBURN durante el día trabajan en común y segregación nocturna, procurando disciplina férrea con regla de silencio, prohibiendo el contacto con el mundo exterior.

            SISTEMA REFORMATORIO  para mayores de 16 años y menores de 30 y que fueran primarios, tenia duración indeterminada hasta que el preso se consideraba se había reformado.

            SISTEMA PROGRESIVO sustentando en la idea de que la pena consiguiera una finalidad correctiva y rehabilitadora. Había una progresión en periodos hasta la paulatina puesta en libertad

Delegaciones de toda Europa viajaron a Nueva Inglaterra a observar los regímenes penitenciarios y el que más éxito tuvo, y el que se instauró en Europa fue el de Filadelfia, considerándose el daño que el aislamiento inflige sobre la naturaleza física, psíquica y social del individuo como un mal necesario.

Hubo que esperar hasta finales del siglo XIX para que se desatase el debate sobre lo conveniente o no del sistema celular. Se decía que tenía mucho de positivo, pues fomentaba el orden, disciplina, etc… Sin embargo, como negativo, tenía que el aislamiento fomentaba la locura convirtiendo al preso en una persona alucinada. Al mismo tiempo el trabajo que se hacía en la celda era más como entretenimiento del preso y no conseguía hacer, que el sistema penitenciario fuese pagado por el trabajo del preso. Se constató que hacían falta edificios enormes para garantizar el aislamiento y que el sistema Filadelfia era carísimo de mantener.

Fue esta razón –la económica – y no ninguna humanitaria, (nuevamente aparecen razones ajenas a lo humanitario en el tránsito de la condena penal) la que provocó que en la mismísima prisión de de Filadelfia, sancto sanctórum de dicho modelo, se juntase a los presos unas horas al día a fin de que pudieran realizar determinadas labores.

La decadencia en Europa del sistema Philadelphia llegó con el Congreso Penal y Penitenciario Internacional de Praga en 1930 aboliéndose en Inglaterra en 1922, Italia 1930 y así progresivamente…

En cualquier caso, la celda de aislamiento se mantuvo como castigo reglamentario y para los presos extremadamente peligrosos. Sin embargo, en el Congreso de 1930 se defendió el aislamiento nocturno como símbolo de modernidad.

La adopción teórica del sistema auburniano  y el repudio del sistema philadelphia dio lugar a que teóricamente fuera ganando terreno a finales del siglo XIX y principios del XX el sistema progresivo.

            Volviendo a Foucault en “Vigilar y Castigar” desarrolla las aristas tanto del suplicio, como de la pena de libertad, y concluye en que:

“Admitamos que la ley esté destinada a definir infracciones, que el aparato penal tenga cómo función reducirlas y que la prisión sea el instrumento de esta represión.  Entonces hay que levantar un acta de fracaso. O más bien — porque para establecerlo en términos históricos sería preciso poder medir la incidencia de la penalidad de detención sobre el nivel global de la criminalidad— hay que asombrarse de que desde hace 150 años la proclamación del fracaso de la prisión haya ido siempre acompañada de su mantenimiento. La única alternativa realmente considerada ha sido la deportación, que Inglaterra abandonó desde principios del siglo XIX y que Francia recogió bajo el segundo Imperio, aunque más bien como una forma a la vez rigurosa y lejana de prisión.”

Es por ello que la explicación del mantenimiento del sistema penal y penitenciario actual se explica, únicamente, como mecanismo de dirigir conductas de los individuos y como instrumento de dominación de unas clases sobre otras. Lo que nada tiene que ver con la rehabilitación o cualquier otro valor con los que se reviste el sistema penitenciario.

Prueba de todo ello sería que este mismo 14 de abril en el Faro de Vigo apareció la siguiente noticia:

“Tener más de 60 años no supone una mayor coste a Instituciones Penitenciarias. Según estimaciones del sindicato CSIF, cada recluso cuesta a las arcas del Estado una media de 60 euros al día -casi 22.000 euros anuales-, que incluyen desde la comida, los medicamentos, los salarios de los funcionarios, los gastos de luz y agua y los talleres que se organizan en el centro penitenciario.

Un recluso de más de 60 años no supone gasto extraordinario alguno, ni por alimentación ni por tratamientos médicos; el mayor coste lo acarrean los tratamientos farmacológicos (para presos VIH), expone el presidente de CSIF nacional, Adolfo Fernández”

 

Es fácil concluir en que si el dinero que se invierte en mantener a personas en prisión se invirtiese en cubrir las causas que han llevado a esas personas a prisión, las cuales en mayor medida responden a la exclusión social, podría evitarse en la práctica totalidad los actuales ingresos en prisión. Está dicho por los profesionales que trabajan en el tajo, que con un porcentaje altísimo de certeza se conocen las familias cuyos miembros van a poblar la prisión próximamente.

narmec

Actualmente, desde Estados Unidos se sigue exportando toda una forma de vida, la cual se va trasladando a Europa. El sistema penal y penitenciario no solo no es ajeno, sino que es principal exponente. En Estados Unidos se ha producido la privatización de las prisiones, convirtiendo las mismas en un negocio privado más. Negocio, que necesita cada vez de más obreros/presos, habiéndose dado lugar a la política conocida como criminalización de la pobreza. Hay Estados en USA en que el 25 % de la población se encuentra sometida a penas o medidas de seguridad y el sector textil del sistema penitenciario americano compite con China. En Europa, únicamente, se han dado guiños a la privatización de las prisiones en el momento de la construcción, pero ahora en el Estado Español se producen intentos de que los “escoltas” o servicios de seguridad privados se hagan cargo de la seguridad en las prisiones en detrimento de la Guardia Civil. (Ertzaintza en el caso de la Comunidad Autónoma Vasca). Así, apareció la noticia en El Confidencial, el 24 de marzo de 2013 dando cuenta de que desde el 1 de abril se incorporarán a 21 centros penitenciarios vigilantes de seguridad privados en detrimento de la Guardia Civil y la Policía Nacional.Esto, sin embargo, redefiniría el pacto que Foucault advierte se introdujo cuando se instauró la pena privativa de libertad y habría que sustituir una solución de guerra (eliminación de quien amenaza a la sociedad, física o idealmente mediante el castigo y  la prisión) por una solución pacifista (atender las causas de los problemas para que no vuelvan a reproducirse. En este caso invirtiendo en evitar la exclusión social el coste de mantener actualmente a personas en prisión).

Teniendo en cuenta las ideas de Foucault, unidas a la llamada “jibarización” de las ideas, provocada por los mensajes lanzados por los mass media y la alta clase política, cada uno puede sacar las conclusiones sobre donde estamos y a donde nos dirigimos…

enriquelertxundi@gmail.com

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