Fuga del Fuerte San Cristóbal (Monte Ezkaba)

Fuga del Fuerte San Cristóbal (Monte Ezkaba)

Recientemente publiqué un post dedicado al Campo de Concentración de Orduña. En dicho post se daba cuenta de cómo por dicho Campo pasaron unas 50.000 personas, y de cómo dicho Campo acabó transformado en prisión tras el final de la guerra civil. En dicho post se significaba que durante la función de Campo de Concentración la vigilancia corría a cargo de un reducido número de personas (21), remitiéndome a la desarrollada experiencia en los campos de concentración nazis para explicar estas situaciones. Pero, ahora, me encuentro con los hechos del Monte Ezkaba -fuga del Fuerte San Cristobal-, y parece necesario ahondar en lo que suponían estos Campos y en qué pudo suceder en estos lugares.

El Fuerte San Cristóbal es conocido por la fuga ocurrida el 22 de mayo de 1938, y por el llamado “cementerio de las botellas“; el cual, encontrándose en las inmediaciones del Fuerte, agrupa 131 restos de presos fallecidos en su mayoría por tuberculosis. Los restos de estos prisioneros fueron enterrados a la manera militar de la época, y encuentran sus credenciales en el interior de una botella de cristal, la cual se encuentra colocada, generalmente, entre las tibias.

La fuga del monte San Cristóbal

La fuga del Fuerte San Cristóbal ocurrió, como se ha dicho, el 22.5.1938, cuando el Fuerte contaba con un máximo de 3.000 reclusos. La fuga la protagonizaron 795 prisioneros. Estos 795 reclusos, tras reducir a los guardias huyeron desordenadamente con intención de llegar a Francia. De ellos, 206 fueron abatidos donde fueron apresados; otros 14 reclusos fueron acusados de ser instigadores de la fuga siendo fusilados; y, solo 3 de los fugados consiguieron llegar a Francia. El resto fueron confinados, tras su captura, en la planta baja del Fuerte, siendo sometidos a un régimen especialmente duro, hasta que los supervivientes de estas condiciones fueron liberados.

En el libro editado bajo el título “El cementerio de las botellas” se achaca al hambre y la desesperación las causas de la gran fuga.

Viktor E. Frankl

Viktor E. Frankl es considerado el más famoso psicoterapeuta del Siglo XX, y el último de la generación de la Escuela de Viena. Durante la Segunda Guerra Mundial estuvo internado en varios campos nazis, entre ellos Auschwitz, lo que le hizo escribir “El hombre en busca de sentido“.

En dicha obra relata las fases que se suceden en este tipo de situaciones. Así, en primer lugar, dice existir una fase de shock, en la que no das crédito a tu situación, teniendo lo que se conoce como la ilusión de ser indultado. Debido a dicha ilusión crees que en el último momento tu situación de condenado cambiará. Tras ello, comienza una etapa de apatía emocional en la que se comienza a contemplar impasible lo que te rodea; por ejemplo, ver como mueren los compañeros a diario. En este punto, dice: el asco, la piedad, el horror, son emociones que ya no se pueden sentir, rodeándote de un caparazón protector necesario para sobrevivir, y sobrellevar el hambre y las vejaciones.

En este estado, dice Victor E. Frankl, se produce una regresión del prisionero a una forma más primitiva de vida mental; y, repasa un elenco de situaciones que en esas condiciones hay que sobrellevar: la falta de apetito sexual, los insultos, el hambre, la ausencia de sentimentalismo, la política, la religión, la vida interior, el humor, la expresión artística, los planes de fuga o la psicología de los carceleros, entre otros aspectos.

El hambre

La situación de hambre que se describe en ambos campos de concentración es muy similar. Viktor E. Frankl nos habla del hambre como un gran generador de conflictos internos, que te hace soñar en un futuro con buenos alimentos. Al final, el recluso se ve inmerso en una vida primitiva, concentrándose en salvar el pellejo, abandonando todo lo que no sirve a ese propósito, lo que explica la ausencia de sentimentalismos.

Los planes de fuga

Hay que tener en cuenta que en el caso de Viktor E. Frankl, las noticias de la guerra fueron siendo cada vez más esperanzadoras respecto a la victoria de los aliados, mientras que para los prisioneros en Orduña o San Cristóbal, la caída del frente norte supuso la pérdida de cualquier ilusión. Para Viktor E. Frankl, el prisionero  del Campo de Concentración consideraba que el destino se había adueñado de uno y no se debía influir en él. La apatía emocional en la que uno se encontraba impedía tomar decisiones. Viktor E. Frankl, relata cómo, cuando el frente se acercaba a Auschwitz, tuvo ocasión de escapar, pero no lo hizo.

Ezkaba: fuga y esperanza

Se dice que fueron el hambre y la desesperación el detonante de la Fuga del Fuerte de San Cristobal; sin embargo, ante las paralizantes situaciones en que se encontraban, explicadas por Viktor E. Frankl, lo cierto es que, necesariamente, por la circunstancia que ya me gustaría a mi conocer, los fugados debieron encontrar su motivación en la esperanza.

Nota: Tras la publicación de este post, en fecha 6.3.2018, he leído el libro titulado “Juan Mari Pallín, un testimonio inédito sobre la vida de la prisión en el Fuerte San Cristóbal, Navarra (1937-1940)“. En el libro se narra, nuevamente, la Fuga, y se afirma que el motor de la Fuga fue el hambre; sin embargo, al narrar los acontecimientos, más bien parece fue un pequeño grupo de personas las que decidieron realizar la Fuga, encontrándose el resto ante una situación colectiva, al parecer, presidida por un factor emocional.

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