PRUEBA EN EL PROCESO PENAL

Para la proposición y práctica de la prueba en el proceso penal ha de atenderse a si la misma resulta:

1.- Pertinente: en el sentido de concerniente o atinente a lo que en el procedimiento en concreto se trata.

2.- Necesaria: para que de su práctica el Juzgador pueda extraer información de la que es menester disponer para la decisión sobre algún aspecto esencial, debiendo ser, por tanto, no sólo pertinente sino también influyente en la decisión última del tribunal, puesto que si el extermo objeto de acreditación se encuentra ya debidamente probado por otros medios o se observa anticipadamente, con absoluta seguridad, que la eficacia acreditativa de la prueba no es bastante para alterar el resultado ya obtenido, ésta deviene obvamente innecesaria; y

3.- Posible, toda vez que no es de recibo el que, de su admisión se derive un bloqueo absoluto del trámite o, en el mejor de los casos, se incurra en la violación del derecho, también constitucional, a un juicio sin dilaciones indbidas, en tanto que al juez tampoco le es pues exigible una diligencia que vaya más allá del razonable agotamiento de las posiblilidades para la realización de la prueba que, en ocasiones, desde un principio se revela ya como en modo alguno factible.

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