SAMANIEGO

SAMANIEGO

Como en otros lugares, en Colombia, el conflicto nacional se va reproduciendo en lo local y, lo suele hacer mostrando todas y cada una de sus aristas. De esta forma, el conflicto ha mostrado su cara más feroz en el Magdalena Medio, y hay zonas, como Nariño, en las que se dice el conflicto está llegando con retraso, pero reproduciendo fielmente el esquema que se ha seguido en otras partes de Colombia. Así, al llegar a Nariño oí hablar de Samaniego y Guachavés, lugares donde el conflicto comenzaba a manifestarse y, como se dice allá, el ambiente comenzaba a ponerse pesado.

Al llegar a Pasto escuché al gobernador indígena de Guachavés narrar como, el 31 de diciembre de 2011, paramilitares habían asesinado al alcalde de la comunidad indígena. Tras esos hechos, se había propuesto un nuevo electo para ser alcalde y, el paramilitarismo, además de amenazar de muerte al nuevo candidato a alcalde, había secuestrado a su tía. Ante tal secuestro, la comunidad indígena en su totalidad reaccionó acudiendo en auxilio de la secuestrada, logrando alcanzar a los secuestradores, rodeándolos, y consiguiendo la liberación de la mujer. Este auzolan es el mecanismo con el que cuentan las comunidades indígenas en Colombia para defenderse de ataques como el narrado.Partiendo de la ciudad de Pasto, a  unas tres horas de viaje en buseta se encuentra el cruce de carretera, que separa las direcciones que, respectivamente, nos llevan a Guachavés y a Samaniego.

De Samaniego escuché que -un mes antes de mi llegada a Pasto- dos personas habían sido asesinadas en la plaza principal por paramilitares, y que varias personas habían sido amenazadas de muerte vía email -siempre resultó el ordenador de origen perteneciente a un ciber púbico. Samaniego es un municipio de carácter campesino, cuenta con una cabecera municipal,  y una amplia zona montañosa. Su población es de unas 20.000 almas y hace cuatro años hubo problemas de integración con una tribu indígena, que no había conocido la civilización; tribu que, viviendo en la zona montañosa, tuvo que desplazarse a la cabecera municipal debido a lo que vieron había sucedido con la tribu vecina, tras unos duros enfrentamientos entre ejército y guerrilla. Se calcula, que son entre 80 y 85 el número de las muertes violentas, que se producen al año en el término municipal.

cabecera municipal de Samaniego

Tras insistir un par de días, conseguí  que un amigo me llevase a Samaniego. Tras unas horas en buseta me encontré en la plaza donde habían asesinado a esas dos personas y el único motivo para ello, parece ser, fue el que estaban organizando un cabildo en su vereda. Me entrevisto con personas, que habían recibido las amenazas de muerte, y me narran una actividad política y social bastante inocua, como dinamizar cursos de líderes sociales,  los cuales se sufragaban con subvenciones llegadas de la Unión Europea y habían sido gestionadas a través del propio Ayuntamiento de Samaniego. Veo con claridad lo que me habían advertido a mi llegada al país: cualquier iniciativa organizativa en Colombia se castiga con la muerte.

La situación en Samaniego tiende a empeorar paulatinamente, sin embargo, no siempre fue así.  La historia de Samaniego tiene su punto de inflexión en 1989. Antes de esa fecha la región era tranquila, la policía, si bien llevaba revolver, únicamente usaba la porra. No había problemas mayores que resolver. A Samaniego no llegaba el Estado, no había asistencia para ningún servicio que en occidente pueda considerarse público.

En el año 1989 el conflicto fue llegando a Samaniego. Primero llegaron las FARC. Justo antes o, simultáneamente, se produjo el desplazamiento desde el Putumayo de grupos de población huyendo del conflicto armado y trayendo consigo las plantaciones de coca, que tradicionalmente cultivaban. Tras ese establecimiento de cosas y la calificación de la zona como “zona roja”, pues era territorio dominado por la guerrilla, siguió la llegada del ejército lo que conllevó graves enfrentamientos armados; llegando, también, las zonas minadas. Junto con el ejército, la siguiente manifestación de que ha llegado el Estado a la zona es la concesión minera de la mayor parte del territorio a empresas extranjeras para su explotación y, junto con ello, llegan los grupos paramilitares, que hacen tradicionalmente el trabajo sucio de “limpiar” la zona de ocupantes incómodos para el “progreso colombiano”. Samaniego, tambien -se me dice-, cuenta con cinco enclaves de desplazados. Ante la llegada de todos estos elementos del conflicto, los campesinos e indígenas de Samaniego luchan por mantener su identidad, su forma de vida y su apego a la madre tierra. Únase a todo ello la oligarquía existente en Samaniego, la cual se resiste a dejar de tener el poder de facto en el municipio, estando dispuesta a ejercer, para su mantenimiento, todo tipo de fuerza, y, añádase la pobreza en que viven la inmensa mayoría de los habitantes del municipio. Al fin, tenemos a nivel local la estructura de conflicto que Colombia vive a nivel nacional.

señalizacion de campos minados en el municipio

Así dibujado el conflicto, las aristas del mismo parecen luchar entre sí por tener un protagonismo, y parece difícil decir qué es lo que vertebra semejante galimatías. A veces, los campos minados, que en el territorio coloca la guerrilla para que no pase el ejército, parecen ganar protagonismo; más, cuando conoces que de metralla colocan sustancias infecciosas y sabes que gran parte de la población ha quedado cercada durante mucho tiempo por la existencia de esos campos minados. Otras veces las plantaciones de coca parecen ser la primera línea, pues llegaron a Samaniego junto con el resto de elementos; y se hace necesario recordar, que  el conflicto ya existía en Colombia cuando lo partió por la mitad el narcotráfico. En cualquier caso, la coca se encuentra por todas las zonas de Samaniego, sucediéndose microconflictos por usar la escasa agua en regar las plantas y poniendo en riesgo la vida de los vecinos al dejarles sin agua para beber. En otras ocasiones parece que es la pobreza la causa y motor de la resistencia popular; esa pobreza que recorre Colombia y, que se encuentra llena de dignidad por todo el campo colombiano y llena de miseria en la ciudad. Otras, cobra protagonismo el atentado que contra la madre tierra realizan las multinacionales, desplazando mediante el horror a campesinos e indígenas para poder realizar sus millonarios negocios. Y así, puede seguirse indefinidamente….

Sin embargo, algo sucedió durante una de las noches que pasé en un hostal de Samaniego. Allá, existe un toque de queda de hecho. Durante el día es muy visible tanto la policía, como el ejército. De vez en vez, por la cabecera municipal se ve pasar algún Toyota último modelo. Supe que algún comando de la guerrilla habia colocado una bomba recientemente, intentando matar a un soldado que hacía guardia. La policía no parece seguir el rastro de quienes asesinaron a dos personas en la plaza, ni parece preocuparse por la seguridad de las personas amenazadas por el paramilitarismo. Las plantaciones de coca están tras el monticulo que se ve desde la ventana. He de responder a algun soldado sobre el motivo de mi estancia allá. Duermo con alguna mínima medida de seguridad en el hostal, y a las cuatro de la mañana me despierta una música muy alta, la cual parece dirigirse desde algún lugar del pueblo. Canta una mujer y parece una canción melancólica, un corrido lento y algo triste, creo que repiten la canción, aunque consigo dormirme, nuevamente, sin que la música concluya. Al día siguiente entiendo que alguien ha colocado su coche en algún lugar de la cabecera municipal, ha abierto el maletero y ha puesto un equipo de música de alta fidelidad al mayor volumen que ha podido. Entiendo el mensaje que envía, quien ha realizado tal  acción; viene a decir algo así, como: soy el amo del pueblo.

En Colombia las elecciones las gana quien más plata tenga, quien más cosas prometa. Se invierte el dinero en comprar los votos para ganar las elecciones, y se intenta recuperar esa plata durante el mandato.

Al fin entendí el conflicto que azota Colombia.

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